BIOGRAFÍA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rafael Altamira y Crevea nace en 1866 en Alicante, ciudad en la que cursa el bachillerato. En julio de 1882 se traslada a la Universidad de Valencia donde estudia Derecho y establece una gran amistad con Blasco Ibáñez y el catedrático institucionista Eduardo Soler que le pondría en contacto con don Francisco Giner de los Ríos, Bartolomé Cossío, Joaquín Costa, etc. En esa época juvenil da rienda suelta a sus aficiones literarias de corte naturalista y escribe "Cuentos de Levante" y su novela "Reposo"

En 1886 viaja a Madrid para realizar su Doctorado, "Historia de la Propiedad Comunal", dirigido por Gumersindo de Azcárate. La Institución Libre de Enseñanza marcará para siempre sus ideas, sus preocupaciones educativas y su actitud ética. Trabaja en el Museo de Instrucción Primaria, más adelante Museo Pedagógico, y en 1891 publica "La enseñanza de la historia", dirige el periódico republicano "La Justicia", y la "Revista Crítica de Historia y Literatura Españolas, Portuguesas e Hispanoamericanas". En 1897 gana la cátedra de Historia del Derecho Español en la Universidad de Oviedo donde participa en la Extensión Universitaria.Tras el desastre del 98 contribuye a disipar el pesimismo español con su "Psicología del pueblo español" y especialmente con su más importante obra, la "Historia de España y de la civilización española".

En 1909-1910, realizó un viaje de 9 meses por 7 Repúblicas Hispanoamericanas de gran repercusión para la recuperación de los lazos culturales entre España y el continente americano, todo ello relatado en su libro documental "Mi viaje a América". En este periodo, fue nombrado Doctor honoris causa de numerosas Universidades europeas y americanas. A su regreso en 1911, fue nombrado Director general de Primera Enseñanza, luego fue profesor del Instituto Diplomático y Consular. En 1914 obtiene la cátedra de Historia de las Instituciones Políticas y Civiles de América en la Universidad Central de Madrid.

Declarado aliadófilo, en la Primera Guerra Mundial publica "La guerra actual y la opinión española". En 1920 es elegido miembro de la Comisión de Juristas encargada por el Consejo de la Sociedad de las Naciones de redactar el anteproyecto del Tribunal de Justicia Internacional . En 1921 es nombrado uno de los nueve jueces titulares del mismo, cargo que ocupa desde 1921 hasta 1940, año en el que el Tribunal se ve obligado a suspender sus funciones. Durante esa etapa Altamira despliega una gran actividad internacional jurídica y pacifista. En 1922 se le nombra académico de la Real Academia de la Historia.

En 1929 comienza la preparación de sus Obras completas en las que pretendía incluir su Historia de la civilización española, el Epítome de historia de España, Cuestiones modernas de historia, De historia y arte, Cuestiones obreras, Giner educador, Ideario político, etc. La guerra y el exilio le impidieron realizar el proyecto.

Con la invasión nazi abandona Holanda para alojarse en Bayona, pero ante la nueva invasión de los alemanes viaja a Portugal y de ahí a Estados Unidos de paso para la ciudad de México, donde se encontraban exiliadas sus dos hijas, Pilar y Nela.

A pesar de sus 78 años Altamira dicta cursos en el Colegio de México y en la Universidad Nacional Autónoma de México y participa en diversas actividades del exilio republicano.

En sus años de exilio y hasta su muerte, tanto en Francia como en México, su constante preocupación fue completar los trabajos iniciados años antes, como el "Diccionario castellano de palabras jurídicas y técnicas tomadas de la legislación indiana" y su "Análisis de la recopilación de las Leyes de Indias de 1680".

México le rindió varios homenajes, que culminaron en 1947 con el que le brindó el Instituto Panamericano de Geografía e Historia al otorgarle el Primer premio de Historia de América por la labor que desarrolló durante su vida.

Rafael Altamira muere en México el 1 de Junio de 1951, no sin antes haber sido propuesto por segunda vez para el Premio Nobel de la Paz, galardón que no llegó a conseguir al morir meses antes del fallo del Tribunal.

El proyecto último de Altamira era conseguir la convivencia de pueblos a través de una educación que fomentara el entendimiento, la curiosidad y la educación para la paz y capaz de profundizar en una sociedad abierta, participativa y solidaria. «La Universidad debe trabajar por la paz -escribía Altamira-, debe como representante de las más altas cualidades del espíritu, a la vez que afirmar el sentido racional de la lucha por el derecho, que proclamó Ihering, tratar de suprimir de las relaciones internacionales el sello de barbarie y de rapacidad que aún tiene hoy».

 

 

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